domingo, agosto 07, 2005

La comunión



Por: Julio Carreras (h)

1) La humanidad no ha creado en toda su ya larga historia nada más importante para su existencia que la Comunión. Y es que la Comunión, en verdad no fue creada por humanos sino por el mismo Dios.
Aquí podríamos detenernos ante un agudo inquisidor que nos preguntase: "Pero, ¿qué, o quién es Dios?" Pues Dios, seguramente no puede ser comprendido claramente por la conciencia humana, salvo que renuncie a pronunciar su nombre. Dado que es y no es al mismo tiempo la materia, el sistema solar, el universo, lo infinito hasta un grado que nuestro cerebro no tiene posibilidad alguna de alcanzar, y es y no es al mismo tiempo el más pequeño escarabajo que se desliza penosamente sobre un malvón, resulta evidentemente imposible encerrar su "ser y no ser" en un nombre. Así, Dios puede ser entendido únicamente si renunciamos al entendimiento.
¿De qué manera creó Dios, entonces, la comunión? A través de su Hijo, Jesús, quien según creemos era Dios mismo encarnado, para facilitar la comprensión humana. Pero si alguien no cree que Jesús era Dios mismo encarnado, está en su derecho, sin que ello quite en lo más mínimo el sentido a lo que aquí pretendemos manifestar. Es decir, que la Comunión es la enseñanza más importante que la humanidad recibió a lo largo de toda su existencia. Pretendemos demostrar aún más: que sin comunión se hace imposible cualquier forma de existencia, no sólo humana, sino de cualquier tipo que en este planeta se pueda denominar como "vida".


2) ¿Y qué es la comunión? Pues comerse simbólicamente el cuerpo del otro. Más bien, mejor: comerse, simbólicamente, el cuerpo de todos, el cuerpo de la Humanidad. O todavía más y mejor: comerse simbólicamente el cuerpo del Universo, con todas sus miríadas o millones de seres y existencias diversas, distantes o próximas, semejantes a nosotros o inimaginables. Esto es, asumir conscientemente la convicción de que no somos algo separado, en aislamiento, sin conexión más que exterior con el Todo: sino somos, en realidad, parte activa, infusa vitalmente, inmersa profundamente en el Todo.
Símbolo según Jung no es una imagen o acto que resulte alegórico (esto es, no consiste en una "representación de"): símbolo, es, en el inconsciente individual o colectivo, "un motor para la acción o la materialización". En esta aproximación científica, el símbolo es comprendido entonces como un embrión metafísico de la manifestación objetiva.
Comer el cuerpo de todos, sería, si combinamos la interpretación de Jung con el acto mismo enseñado por Jesús, la vivencia consciente de que no soy únicamente un cuerpo con aptitudes mecánicas numerosas, sino también todos los cuerpos que se manifiestan en el Universo, con sus infinitas variedades, pero también lo que conllevan dentro esas variedades.

3) En un sentido práctico, ¿para qué sirve la comunión? Para cumplir los dos primeros mandamientos, aquellos considerados como los más importantes: "Amar a Dios por encima de todo"... "Amar al prójimo..."
El amor es imposible sin la renuncia al egoísmo. Y la renuncia al egoísmo es imposible si creemos tozudamente que somos únicamente un cuerpo, al cual estamos obligados a satisfacer constantemente en todos sus requerimientos. El amor más grande que puede conocer un ser humano, esto es el amor a los hijos, significa precisamente esto: una constante renuncia a la propia identidad, para hacerse uno con ellos, priorizar sus necesidades por sobre las nuestras, sufrir infinitamente con sus dolores hasta extraer la última mota de padecimiento de sus cuerpecitos -especialmente cuando son muy niños- para absorberlos nosotros hasta las heces, con tal de librarlos de ese mal. Un padre o una madre que pasa la noche en vela junto a la cunita de su niñito enfermo, quiere morir incluso, quitarse toda vitalidad hasta su provisión total de sangre si es necesario, para salvar a ese niño que ama con todas sus fuerzas, con toda su existencia, pues por un maravilloso milagro de consubstanciación, ese padre, esa madre, ya no es él mismo... se ha convertido, efectivamente, para toda consideración, en su hijo. Eso es el amor, el amor de verdad: es "dar la vida por los demás".
No con "actos heroicos" como se interpretó, ni defendiendo supuestos intereses "patrióticos" o "populares", sino en los más modestos e íntimos actos de cada día, cuando por amor procuramos únicamente y en primer lugar la felicidad de los que amamos.

4) Los que amamos pueden ser dos o tres, sin embargo, o también una comunidad, o hasta un país o una raza: y el amor entonces queda confinado a un egoísmo en cooperativa.
Pues bien, por eso la comunión es el acto simbólico más grande que podemos ejecutar los humanos, ya que nos induce a la práctica del amor... hacia toda forma de vida, hacia toda la existencia universal.
Y dije, "sin comunión se hace imposible cualquier forma de existencia"?... Así es. Dado que resulta muy fácil considerar al otro como enemigo, si estamos convencido de que está fuera de nosotros, que es un "elemento extraño", de ahí a eliminarlo hay muy pocos pasos. No hace falta que desarrolle demasiado este punto, sería subestimar la capacidad intelectual de mis lectores: sólo mencionaré el ominoso aniversario, ayer, del más horrendo crimen que vivió la Tierra, esto es, la bomba atómica lanzada sobre la población de Hiroshima. Consideremos bajo su fantasmagórico resplandor, entonces, qué futuro le espera a nuestro planeta si todos nos creemos con derecho a eliminarnos, los unos a los otros.

5) Las últimas consideraciones prácticas, no por ello menos importantes, según mi modesto criterio: hablar de comunión, es decirles "tome la hostia, concurriendo a una misa en la iglesia católica"?
Bueno, si usted es católico, no tengo nada para objetar a que lo practique así. Pero si no es católico, o ni siquiera cristiano, también puede tomar la comunión, cada día, o en varios momentos del día. Pues el acto mismo establecido por Jesús no fue una ceremonia en un templo, sino una reunión de amigos, donde levantando el pan simbólicamente Él dijo: "este es mi cuerpo"; y levantando el vino, también dijo "esta es mi sangre".
Y Teilhard de Chardin dijo, algunos siglos después: "la humanidad es el cuerpo extendido de Jesús sobre la Tierra".
Entonces, si la humanidad es el cuerpo de Jesucristo extendido sobre la Tierra, cualquier cosa que hagamos sobre la humanidad la estamos haciendo sobre Jesús. Si la amamos, si amamos a todos como a nosotros mismos, amamos también a Dios. Si odiamos, estamos odiando a Dios.
Cualquier alimento que tomamos -eso quiso significar Jesús, según creo- cualquier bebida que degustamos... puede ser el cuerpo y la sangre de la humanidad toda... si los ingerimos con devoción y conciencia. El desayuno, el almuerzo, la cena, un pequeño pan con un pedazo de queso dentro, que comemos afirmados en el mostrador de un kiosco de un país lejano... puede ser el cuerpo de Jesús (y de la Humanidad) si lo efectuamos con devoción y conciencia.
Introducir en nuestro organismo, conscientemente, cuatro o cinco veces en el día, el cuerpo de todos, el cuerpo de la Humanidad, es el único camino entonces para evitar la destrucción colectiva de esta especie, el único camino real para la paz.