jueves, agosto 23, 2007

El dinero no hace la felicidad


Por Julio Carreras (h)

Para Johnny Barrionuevo


Un tonto capaz de obtener mucho dinero, no se convierte por eso en un sabio, sino sólo en un tonto con dinero. Pese a ello suele verse el fenómeno, casi natural y cíclico, de que cada tonto que acumula dinero se siente habilitado para dar consejos a todo el mundo.
Por eso, también, tenemos hoy a tipos como Bill Gates o la pandilla que creó Google intentando controlar todo lo se mueve, se desliza o repta a través de internet. Y decirle a cada uno de los millones de seres que alguna vez asoma a una computadora cuál es el camino correcto para cada cuestión.
Lo mismo pasó en la época del Ciudadano Kane, cuyo nombre histórico siempre nos cuesta recordar, lo cual constituye una demostración más de que el tonto que sirvió de modelo por haber juntado muchos dólares pertenece al olvido, mientras el arquetipo creado por el genio de Orson Welles permanecerá a lo largo de los tiempos. Y si alguien recuerda al adinerado, probablemente será sólo para putearlo.
"El dinero no hace la felicidad... pero ayuda", es un pseudo aforismo exitoso inventado por un tonto a quien no se puede dejar de reconocer cierto ingenio. Dicha ingeniosidad ha sido desperdiciada, sin embargo, pues tal criterio es falso. El dinero aparte de que no "hace" la felicidad, también, cuando se presenta en cantidades demasiado abundantes, la obstaculiza. A la felicidad.
Y aquí deberíamos hacer una pequeña digresión con el propósito de discernir a qué sucesos, sensaciones, emociones, ideas, percepciones, creencias, llamamos "felicidad". Me parece que las princesitas de Mónaco deben de tener una noción de la felicidad como algo tal vez relacionado a sus clítoris, o al vértigo que les infunde una picada por la Autostrada del Sole, e imaginar que los planos metafísicos de la realidad comienzan en sus cuentas bancarias. En cuyo caso si alguna de estas distinguidas damas ha llegado hasta aquí, debe abandonar inmediatamente la lectura.
También deberíamos determinar, entonces, qué entendemos por tonto. La primera puntualización para ello consiste en apercibirnos de que la astucia en un tonto no lo redime de su tontería. Un tonto puede ser muy astuto y no por ello eludir su condición de tonto. Tampoco, incluso, la inteligencia. Un tonto también puede ser inteligente. Puede ser físicamente bello, simpático, en fin, exhibir casi todas las cualidades exteriores que los humanos consideramos como apetecibles. Dado que la inteligencia es la "facultad de conocer, analizar y aplicar los conocimientos", las computadoras son también inteligentes. Y esto no les da la cualidad de organismos superiores.
Bien, pero según nuestro criterio, el significado de "tonto" se patentiza muy claramente de la segunda definición que dan los diccionarios: "absurdo, sin sentido, inútil". (No el de la Real Academia Española, que ha sido enmendado por los tontos, para que no comprendamos más el concepto.)
Veamos pues en la práctica cotidiana cuáles son algunas de las acciones "absurdas". La primera, sin duda, no sólo absurda, sino insensata, es matar por dinero. Pues ¿qué cosa es el dinero? Sólo papel impreso, cuyo valor real si fuese medido objetivamente no alcanza al de una naranja o un puñado de mistol. Sin embargo, hay tipos armados con poderosas escopetas recortadas en las puertas de los bancos. Y si alguien intenta saltar, por ejemplo, un mostrador para introducirse donde están las cajas y arrebatar un puñado de dinero, lo liquidan en el acto. Sin vacilar. Y ese tipo muerto en cuestión de segundos puede ser un genio científico, un gran compositor, un filósofo tan grande como Hipatia de Alejandria, que quizá desesperado por no haber obtenido un salario como para alimentar a sus hijos dejó de entender durante esos segundos que vive en un mundo gobernado por tontos.
Segunda proposición para definir lo tonto. El sin sentido. ¿Qué sentido puede tener que alguien dedique el 90 % de su existencia, o más, a recolectar dinero y para ello apele al engaño, a la opresión, al crimen? Se puede argumentar que lo hace para beneficiar a su familia. Pues los perjudica. Obsérvese si no a quienes a lo largo de la historia construyeron imperios económicos o militares, cómo sus hijos y sus nietos fueron normalmente tontos y degenerados: no se les enseñó otra cosa en sus vidas que perseguir el lujo o los placeres.
Por último "inútil". Lo "útil" es aquello que satisface necesidades colectivas, que beneficia a muchos. Una máquina para cortar la punta de los habanos es útil. Un hombre que dedica su vida a quitarles sus bienes a los demás, no es útil a nadie. Ni siquiera a sí mismo.
Veamos ahora el concepto de "felicidad". Si la confundimos con "placer", pasaremos nuestra vida corriendo por tras de quimeras, sin alcanzarlas jamás. Inclusive si a ese "placer" le añadimos el adjetivo de "estético", "cultural", "intelectual". Hay tontos adinerados o en permanente búsqueda de ello que conocen todos los nombres de las composiciones de Beethoven, y se elevan hasta el éxtasis escuchándolas con amigos o en soledad. Ello no los exime de su incompletitud humana y por tanto de su tontería. Otros citan de memoria párrafos enteros de Voltaire, Umberto Eco, Marx o Bordieu. Tampoco pueden, por eso únicamente, escapar a su tontería.
Hay quienes, por el contrario, no conocen tantas informaciones y pueden ser felices, de un modo casi constante. ¿Y en qué consiste, entonces, la felicidad? Primero, en la capacidad de comprender la Unidad. Para ello no son imprescindibles conocimientos científicos, al menos como entendemos los tales en Occidente. Algunos vestigios salvados de la masacre aborigen por parte de europeos invasores nos dejó conceptos claramente indicativos de que muchos de ellos comprendían este conocimiento de Unidad.
Unidad es la verdadera realidad, que la física cuántica va captando trabajosamente con su racionalidad poco a poco hoy. Esto es, que el universo es una abigarrada trama, extensísima, de ondas de energía, que trazan sus líneas a lo largo y ancho de todo lo que llamamos "espacio" hasta llenarlo completamente, por lo cual el concepto de vacío también es falso, pues no hay en el universo un solo espacio "vacío". De esa trama de ondas, lo que percibimos como objetos físicos son condensaciones de energía, dadas por la acción de un ordenador central. Y millones de sub ordenadores que matizan dicha realidad exterior con una materialización co operativa.
Comprender que cada acción que realicemos hacia otro ser, vivaz o inerte... "a nosotros también nos la hacemos", es la primera clave para que nuestra vida adquiera un sentido orientado hacia la felicidad.
Que nunca será individual, pues nadie puede ser feliz mientras a su lado un niño se muere de hambre, o alguien con un arma está asesinando a su semejante.