martes, abril 25, 2006

CUATRO EBRIOS


El diario El Liberal de Santiago del Estero, publica por segunda vez una "carta" de Carolina García. Sin límites de espacio -pese a que en la misma sección se especifica no superar las 30 líneas- la tucumana pide olvido e impunidad para los peores asesinos soportados por nuestro pueblo a lo largo de su historia.

Por Julio Carreras (h) *

Santiago Díaz era un arquitecto de 27 años cuando fue interceptado a pocos metros de su casa por un grupo de policías de civil. Trató de escapar pero fue en vano. Lo arrastraron a los golpes, pese a que eran las siete de la tarde y pleno centro de la capital santiagueña. Nadie fue capaz siquiera de mirar mucho. Desde entonces no se supo de él. Era el año 1977, gobernaba Santiago del Estero el general Ochoa, quien tuvo como ministro a Castor López, suegro a su vez de Carolina García. Toda esta "genealogía" viene a cuento porque esta mujer se lanzó con entusiasmo a una agresiva campaña de encubrimiento histórico propiciado por los accionistas mayoritarios de El Liberal.
Siguiendo con la historia: los padres de Santiago Díaz padecieron entre otras humillaciones una burla sangrienta -en la época en que cogobernaba el suegro de Carolina. El Dr. Díaz fue llamado por teléfono desde Buenos Aires, por un "coronel". Este afirmó que tenía datos precisos acerca del paradero de su hijo. Insinuó que lo podrían ver.
Exultante, eufórico, el Dr. Díaz -uno de los hombres más honestos y progresistas de nuestra historia provincial- tomó el primer avión a Buenos Aires junto a su esposa. Allí se presentó inmediatamente en el cuartel que se la había indicado. Fue recibido por un individuo de uniforme, quien se presentó como "el coronel López". El militar le dijo que Santiago -el amado hijo desaparecido- estaba allí, muy cerca, incluso podía conseguirle una entrevista. Para verlo... debía pagar U$S 5.000. El Dr. Díaz consiguió el dinero esa misma tarde y un día después se lo entregó al coronel. Luego de contarlo, con una sonrisa de satisfacción el militar le ordenó que regresara al día siguiente, a las siete de la mañana. Esa noche los Díaz no durmieron, contando los minutos. Desde las 6:30 el ansioso padre esperó frente al cuartel. Cinco minutos antes se presentó en la guardia. Cuando consiguió hacerse atender, un teniente le dijo... ¡que allí no había ningún coronel López!... Esta es sólo una de las miserables, aberrantes, perversas crueldades de los sanguinarios militares que gobernaron la Argentina, por la fuerza, durante el período 1976-1983.

Las razones de los asesinos

Carolina García -modelo en desuso-, pretende infundir en los habitantes de Santiago del Estero que la responsabilidad por la tragedia ocurrida en los años 70 fue responsabilidad de los guerrilleros. Habla de "asesinatos de niños". Y es verdad que en el año 1974 murió uno de ellos cuando un comando del ERP atacó el auto del capitán Viola, en Tucumán. Por causa de esa acción, el ERP sancionó a los combatientes y dispuso la suspensión de los ataques a militares cuando estuviesen rodeados por civiles o familiares. Ello quitó, obviamente, una gran porción de capacidad ofensiva a las fuerzas guerrilleras. Pues, mientras las columnas del ejército secundadas por la policía entraban a sangre y fuego entre la población civil, dando caza a supuestos guerrilleros (generalmente colaboradores o simpatizantes), por iniciativa propia la guerrilla evitaba atacar a militares en donde podía provocarles mayores bajas: sus viviendas particulares.
De hecho, la mayor parte de los más o menos 20.000 presos políticos de la dictadura militar fueron apresados entre los colaboradores civiles de la guerrilla. Pues con la misma cobardía que luego iban a evidenciar en Las Malvinas, estos violadores de monjas nunca se atrevieron a entrar al corazón de la selva tucumana. Los últimos 150 guerrilleros de la Compañía de Monte "Ramón Rosa Jiménez", del ERP, salieron tranquilamente de allí, en 1977. Pasando por Salta escaparon hacia Bolivia. Todas las refriegas con el ejército de Bussi habían sido por haber bajado la guerrilla hacia ellos: jamás los militares se atrevieron a atacar el núcleo guerrillero, pues sabían que iban a encontrarse allí con verdaderos combatientes.
Lo demás fue una cacería perversa, en la cual milicos tanto de la marina como del ejército, y en menor medida pero no menos cruentamente de la aviación, se dedicaron a secuestrar, torturar, robar, de una manera tan abominable como lo hicieron los nazis hacia fines de los años 30. Con la diferencia de que los nazis saqueaban y vejaban horriblemente a quienes consideraban extranjeros y generalmente más allá de sus fronteras. Mientras que estos carniceros cobardes lo hacían con los ciudadanos de la que declamaban como "su patria".
Por cierto que -como pide la ex pasarelista- a estos asesinos les conviene "olvidar el pasado y mirar adelante". Todo criminal aspira a que las víctimas acepten disolverse en la amnesia, para intentar seguir gozando las ventajas delictuales obtenidas con sus crímenes.

El carozo de la aceituna

"Ustedes-son el carozo-de la aceituna-del desayuno-que me voy-a-tomar-esta mañana", gritaba un estúpido tenientito antes de ordenar a sus soldados que nos arrancaran de las celdas para torturarnos (cuando estuve preso en Córdoba). Debe de haber sido alguno de los tontos clishés habituales en los cuarteles. Nunca entendí muy a bien a qué se refería, pero en algún sentido tuvo razón. Fuimos el carozo de su aceituna. No pudieron disolvernos. Quienes luchábamos en los 70 por un mundo mejor, sobrevivimos, seguimos luchando, obtuvimos que emergiera la verdad histórica; ahora vamos por otra ola de movilización mundial que estremece al capitalismo, verdadero responsable de la miseria, la muerte, el dolor que agobia a una humanidad con todos los recursos naturales como para vivir feliz.
Lo que en verdad defiende la veterana maniquí -como lo hubiesen hecho mujeres de los funcionarios de Herodes- es el botín obtenido con sangre. Asesinos como el difunto jefe de su marido -y que ellos intentan perpetuar ahora, a través del partido de López Murphy- son los principales responsables de los peores males que sufren Latinoamérica, nuestro país y nuestra provincia. Para favorecer el obsceno privilegio económico de que gozan todos estos sectores corruptos es que se cometieron las 30.000 desapariciones en la Argentina.
Y gracias a la valentía heroica de personas como Hebe de Bonafini y las Madres de Plaza de Mayo, es que se desarticuló finalmente la estructura poderosísima del crimen organizado, que en nuestro país tuvo un nombre claro: Fuerzas Armadas "y de Seguridad".

Asesinado por cuatro ebrios ignorantes al servicio del crimen universal, Ernesto "Ché" Guevara regresa hoy y regresará siempre mientras exista injusticia en el mundo; los 30.000 desaparecidos argentinos regresarán una y otra vez a través de los pañuelos blancos de sus dignas madres, que por algo parieron esos hijos capaces de dar sus vidas por los demás.
No habrá olvido ni perdón. Por más que publiquen esas u otras imprecaciones, en los medios que manejan, los insaciables explotadores o sus sirvientes. De ellos debe librarse la humanidad para poder avanzar, hacia un mundo en el que no haya niños analfabetos, muriéndose de hambre, mientras se tiran toneladas de alimentos al mar para favorecer maniobras de mercado.
Este mundo sin explotadores ni explotados, otra vez, tozudamente, comienza a manifestarse con nitidez en el horizonte: por eso tiemblan. Por eso mienten, con mayor esfuerzo y desesperación.

* Difundida por primera vez el 13 de octubre de 2003.